Señor,
Confesamos que a menudo imaginamos la fe
como estar sobre tierra firme,
pero tú nos encuentras donde la tierra misma se mueve.
Conoces los vientos que nos empujan de lado,
las olas que desestabilizan nuestro equilibrio,
los momentos en que nada permanece quieto el tiempo suficiente
para poder confiar en él.
No tememos tanto a la profundidad como a
perder el equilibrio,
a caernos,
a no poder...