Desde niño había oído decir:
Solo Dios camina entre las nubes.
Las nubes eran señal de lo divino: misterio, altura, pureza, distancia.
Si el Mesías era verdaderamente enviado por Dios, sin duda vendría rodeado de tal gloria.
Así que el hombre se preparó en consecuencia.
Se lavó con esmero, eliminando todo rastro de polvo. Escogió ropas inmaculadas. Cuidó su apariencia para que nada desentonara. Incluso sus pensamientos intentaba purificarlos.
Porque uno no se encuentra con lo divino en el desorden.