En el cristianismo tradicional, Satanás suele ser retratado ante todo como el enemigo de Dios: un rebelde cósmico cuyo odio a la humanidad es simplemente una extensión de una guerra más profunda contra el Creador. Sin embargo, esta imagen familiar es mucho más clara en la imaginación cristiana posterior que en las propias Escrituras. Al leer los textos bíblicos directamente, Satanás ciertamente desobedece a Dios, desafía los juicios divinos y actúa en contra de sus propósitos. Pero los verdaderos objetos de su hostilidad son siempre los seres humanos.
La distinción es importante: