Una de las cuestiones más malinterpretadas en materia de religión es la relativa al propósito de adorar a Dios. Muchas personas dan por sentado que la adoración es algo que Dios exige a los seres humanos, como si el Creador hubiera creado a la humanidad con el fin de recibir alabanzas. Esta idea lleva a los críticos a plantear una pregunta habitual: ¿por qué un Dios perfecto y autosuficiente necesitaría la validación de sus propias criaturas?
La pregunta surge de una suposición errónea sobre la naturaleza de la adoración.
El Corán afirma: