Creemos en el Dios que ve lo más profundo del corazón,
que conoce las pasiones que arden en nuestro interior,
y que llama a toda alma a la humildad y la verdad.
Creemos que Juan el Bautista fue enviado como mensajero del arrepentimiento,
sumergiendo a los dispuestos en las aguas de la entrega,
para que se apagara el fuego de la autosuficiencia,
y que el orgullo se ahogara en las profundidades de la honestidad.
Creemos que el arrepentimiento no es una simple admisión,
sino el abandono de toda defensa,
la aceptación de la verdad que se nos ha revelado,
y la renuncia al derecho a justificarnos.
Creemos que quienes se humillan se convierten en luz ante Dios,
y que la humildad abre el corazón al perdón,
pues el perdonado debe perdonar,
y el que no juzga no puede ser juzgado.
Creemos que Jesucristo bautiza con el Espíritu Santo,
sumergiendo a los humildes en el aliento y el viento de Dios,
apagando las brasas del corazón,
elevando a los contritos,
y llenándolos de paz, misericordia y nueva vida.
Creemos también en el bautismo de fuego,
que quienes rechazan el agua y resisten al Espíritu
caerán en las llamas que ellos mismos han alimentado:
el fuego del orgullo, la amargura y la falta de perdón,
el calor autoinducido que consume a los impenitentes.
Creemos que toda alma es bautizada:
ya sea en agua para humildad,
o en el Espíritu para vida,
o en fuego para su propia combustión,
y que Dios desea que todos elijan el camino que lleva a la paz.
Creemos que la salvación es fruto de la humildad,
la victoria de la misericordia sobre el juicio,
la extinción de la llama interior
y el llenado del corazón con el viento de Dios.
Y aguardamos el día en que todo fuego falso se extinga,
cuando toda rodilla se doble libremente,
y cuando el suave aliento del Espíritu
sea el aire de toda la creación.
Amén.