Creemos en la Palabra viva,
que era, es y vendrá para siempre.
Creemos que sus venidas no se retrasan,
sino que pasan desapercibidas para unos ojos que se han vuelto orgullosos.
Él recorre los caminos de cada época,
revestido de humildad, hambre y misericordia,
buscando corazones que aún se maravillan.
Creemos que Él ha visitado Su mundo
en cada forastero y en cada sufriente,
en el rostro de los abandonados,
en el clamor de los oprimidos,
y en el valor silencioso de los justos.
Creemos que cada generación es puesta a prueba de nuevo:
si le acogerá o le dará la espalda,
si verá la gloria oculta en la mansedumbre,
el poder velado en el perdón.
Creemos que el Reino no está pospuesto
sino presente entre nosotros,
esperando solo a ser visto.
La Segunda Venida no está lejos,
pues Él viene dondequiera que el amor despierte.
Creemos que el fin del mundo
es el fin de la ceguera —
el amanecer del reconocimiento cuando todos los ojos contemplen
a Aquel que nunca se fue.
Confesamos que Él está ante cada puerta y llama;
Que el cielo se abre cuando un corazón se abre;
Que la fe no consiste en esperar Su regreso,
Sino en aprender a ver Su rostro en todas las cosas.
Y por eso miramos, no a las nubes,
sino a los pobres, a los quebrantados, a los misericordiosos —
pues allí viene Él de nuevo.
Siempre el mismo, pero siempre nuevo,
Jesucristo,
nuestro Señor que nunca dejó de llegar.