«No piensen que he venido a abolir la Ley o los Profetas; no he venido a abolirlos, sino a cumplirlos.» (Mateo 5:17, NVI)
OBJECIÓN 1:
Jesús nunca dijo que Él escribió la Ley.
REFUTACIÓN:
Habla como si lo hubiera hecho; esa es la única manera en que Mateo 5:17-18 tiene sentido.
OBJECIÓN 2:
Solo está interpretando a Moisés.
REFUTACIÓN:
Los intérpretes citan a Moisés; Jesús dice: «Yo les digo», la voz de un autor, no de un comentarista.
OBJECIÓN 3:
Los profetas también corrigieron malentendidos.
REFUTACIÓN:
Los profetas dicen: «Así dice el Señor». Jesús dice: «Yo digo», un nivel de autoridad totalmente distinto.
OBJECIÓN 4:
Jesús no puede ser el autor de la Ley porque desconoce el día de su regreso.
REFUTACIÓN:
Exactamente; su soberanía se limita al ámbito que le ha sido delegado. La Ley le pertenece a Él; el momento de su regreso le corresponde al Padre.
OBJECIÓN 5:
Las Escrituras afirman que los ángeles mediaron en la Ley.
REFUTACIÓN:
La transmisión no implica autoría. El Hijo tiene mayor rango que los ángeles y habla con la autoridad que solo un autor puede tener.
OBJECIÓN 6:
La teología tradicional ya explica su autoridad.
REFUTACIÓN:
No sin contradicciones. La soberanía delegada explica tanto sus límites como su autoridad absoluta sobre la Ley.
OBJECIÓN 7:
La Ley es la Ley de Dios; ¿cómo puede ser una invención del Hijo?
REFUTACIÓN:
Todo lo que el Padre confía al Hijo sigue siendo de Dios. La soberanía delegada no divide. Dios: revela una autoridad ordenada.
OBJECIÓN 8:
Que Jesús cumpliera la Ley significa que la obedecía, no que la escribió.
REFUTACIÓN:
Los autores cumplen sus leyes demostrando su propósito, no sometiéndose como discípulos.
OBJECIÓN 9:
«Habéis oído… pero yo os digo» es simplemente enseñanza.
REFUTACIÓN:
Los maestros explican; los autores definen. Jesús define, porque la Ley es su obra.
OBJECIÓN 10:
Jesús no abolió la Ley; ¿por qué no, si la escribió?
REFUTACIÓN:
Porque eligió el cumplimiento, no la derogación. La moderación no es debilidad, es soberanía.