Una de las preguntas más recurrentes en la religión es por qué los justos parecen ser quienes más sufren.
Para muchos, la respuesta obvia parece evidente: al obrar bien, naturalmente cayeron en el radar de Satanás, quien inició el sufrimiento.
Sin embargo, las Escrituras presentan repetidamente una secuencia de eventos diferente.
Esta diferencia es sutil, como un hecho fisiológico que se malinterpreta fácilmente.