- En la creación, no existe el divorcio: el matrimonio representa el pacto inquebrantable entre Dios y la humanidad.
- La concesión del divorcio por parte de Moisés es una trágica misericordia para los insensibles, para prevenir males mayores como el asesinato o el abuso brutal.
- La gente "buena" se apropia indebidamente de esta concesión, tratando una ley diseñada para potenciales asesinos como una herramienta respetable para la administración del hogar.
- Jesús, en el monte, reivindica la intención original: el divorcio es para la extrema dureza, no para los hipócritas. Al usarlo, quien se divorcia hace que otros caigan en el adulterio, una culpa más pesada de lo que perciben.
- La regla coránica del triple divorcio puede interpretarse (desde una perspectiva cristocéntrica) como una forma concreta de esta misma lógica:
rotege al cónyuge vulnerable de la manipulación y de ciclos interminables;
vincula a quien se divorcia a las consecuencias de su acto;
y si alguna vez busca la reconciliación, debe asumir el mismo estigma que impuso a los demás, perdiendo toda superioridad moral y sufriendo una humillación que puede transformarse en humildad. - Así pues, las leyes de divorcio que aparecen en las Escrituras pueden interpretarse como la implacable guerra de Dios contra la autosuficiencia y su protección de los "pequeños" (los cónyuges vulnerables), convirtiendo incluso las estructuras legales en instrumentos de misericordia a través de la humillación y el arrepentimiento.