- Dios no necesita reconciliarse con la humanidad.
La humanidad necesita reconciliarse con la vida.
La misericordia de Dios no se activa con el pago; precede al arrepentimiento. - El pecado no es un crimen contra Dios, sino una alejamiento de Él.
No daña al Creador; destruye a la criatura.
El pecado esclaviza, ciega y debilita. Su consecuencia es la muerte, porque la separación de la vida no puede producirla. - La muerte no es el castigo de Dios, sino el destino del pecado.
Dios no ejecuta a los pecadores; los pecadores se destruyen a sí mismos al rechazar la comunión.
El juicio nombra la realidad, no la crea. - Jesús no murió para cambiar la actitud de Dios hacia la humanidad.
Jesús murió porque la humanidad, atrapada en el pecado, mata lo que la expone.
La cruz revela la violencia humana y la no represalia divina. - El perdón no es transaccional.
Es restaurador.
Dios perdona porque Dios es perdón.
Somos perdonados al ser capaces de misericordia. - El arrepentimiento no es admitir la culpa, sino transformar el ser.
Las palabras sin cambio no salvan a nadie.
La misericordia es la evidencia del arrepentimiento. - Dios no exige sacrificio, sino que lo soporta el amor.
El amor sufre al entrar en un mundo construido sobre el miedo y el control.
El sacrificio solo importa en la medida en que engendra misericordia. - La salvación es semejanza, no sustitución.
Estar con Dios es ser como Dios.
No en poder, sino en naturaleza. - Se entra al Reino mediante la reciprocidad, no mediante el pago.
La confianza, la dependencia y la apertura infantiles no son debilidades, sino el diseño original. El evangelio es sencillo, pero no fácil.
Libérate del juicio.
Perdona sin medida.
Ama sin límites.
Suelta el control.
Hazte pequeño.
Vive libremente.Jesús no ofrece una teoría de la expiación.
Ofrece un estilo de vida.Y ese camino es la misericordia.