Hermanos y hermanas,
Cuando Jesús sanaba a la gente, a menudo les hacía una pregunta.
Era una pregunta muy sencilla:
“¿Creen que puedo hacer esto?”
Al principio, parece que Jesús busca la aprobación.
Pero en realidad pregunta algo más profundo.
Pregunta:
¿Pueden imaginar que esto suceda?
¿Pueden imaginar un final diferente para su historia?
Porque si una persona ni siquiera puede imaginar ser sanada, entonces la sanación no tiene cabida.
La fe, como la enseña Jesús, no es solo creer en las palabras sobre Dios.
La fe es permitir que el corazón imagine algo nuevo que Dios puede hacer.
Por eso Jesús habla tan a menudo de los niños.
No dice: “Sean inteligentes como los maestros”.
No dice: “Sean fuertes como los líderes”.
Dice:
“Si no se vuelven como niños, no pueden entrar en el Reino de los Cielos”.
¿Por qué los niños?
Porque los niños aún saben imaginar.
Un niño puede tomar una piedra y convertirla en un ser vivo.
Un niño puede tomar un juguete y darle voz.
Un niño puede transformar una caja vacía en una casa, un barco o un mundo.
El niño no está fingiendo.
El niño está dando vida a las cosas.
Los adultos lo ven y dicen: «Es solo imaginación».
Pero Jesús lo ve y dice: «Así funciona el Reino».
Los adultos hemos aprendido algo que los niños aún no han aprendido.
Hemos aprendido lo que no puede suceder.
Hemos aprendido lo que es «realista».
Hemos aprendido a cerrar nuestros corazones a lo que parece imposible.
Jesús vino a reabrirlos.
Cuando Jesús dice: «Tu fe te ha sanado»,
no quiere decir: «Creíste en la idea correcta».
Quiere decir: «Permitiste que una nueva realidad existiera dentro de ti».
Por eso, incluso una fe pequeña puede hacer grandes cosas.
Porque no se trata de cuán fuerte sea tu fe.
Se trata de si hay alguna apertura, en absoluto. Una pequeña grieta basta para que entre la luz.
Por eso Jesús no dejó de ser un niño.
Creció, se hizo más sabio y más fuerte, pero nunca se volvió autosuficiente.
Incluso cuando hacía milagros, decía:
«No hago nada por mi cuenta».
Se mantuvo como un niño, completamente dependiente de Dios.
Y esta es la gran sorpresa del Reino:
El poder no reside en el control.
El poder no reside en el conocimiento.
El poder no reside en ser adulto y capaz.
El poder reside en la confianza.
La fe no es obligar a Dios a actuar.
La fe es abrirle espacio para que actúe.
Así que, cuando la vida se sienta pesada y la esperanza escasa,
Jesús no te pide que te esfuerces más.
Te pide que abras tu corazón de nuevo.
Que imagines que Dios aún puede obrar.
Que permitas que un nuevo final sea posible.
Si te sientes débil, no estás lejos del Reino.
Si te sientes inseguro, no estás descalificado.
Si te sientes como un niño otra vez, inseguro de ti mismo, necesitando ayuda…
Jesús dice:
Ahí es precisamente donde comienza la fe.
Amén.