Cuando los lectores modernos oyen la palabra adulterio, tienden a imaginar una categoría moral definida principalmente por la traición, la infidelidad romántica o la deslealtad emocional personal. Pero en el mundo mediterráneo antiguo —y especialmente en el derecho judío durante el período del Segundo Templo— el concepto tenía un significado antropológico, metafísico e incluso cósmico mucho más profundo. El término μοιχός (moichos, adúltero) no era originalmente una etiqueta ética vaga.