La historia del Miʿrāj puede fácilmente dar lugar a malentendidos. Algunos lectores podrían concluir que la crítica se dirige a los profetas mismos: a Mahoma por aceptar la reducción de las oraciones, o a Moisés por recomendarla. Nada más lejos de mi intención. De hecho, cuanto más reflexiono sobre la historia, mayor es mi admiración por ambos profetas. La crítica, si la hay, se dirige a otra parte. Se dirige a la humanidad misma y a un rasgo persistente de la condición humana que la historia expone con tanta brillantez.