La concepción tradicional del infierno suele presentarse de forma muy rígida: Dios juzga a las personas, las condena y las envía a un castigo eterno contra su voluntad. En esta visión, el infierno funciona como una especie de prisión divina donde los condenados son confinados a la fuerza para siempre. La imagen se asemeja a los tribunales terrenales. Un juez dicta sentencia, los oficiales arrestan al criminal y este es llevado al castigo.